SÍNDROME DE ABSTINENCIA

April 12, 2016

 

 

En el artículo de la semana pasada hablaba del síndrome de abstinencia que por lo general se experimenta cuando se trata de cambiar un hábito. En el tránsito entre abandonar aquello e incorporar lo otro, la novatez cobra su cuota. La sensación de estar en tierra de nadie o, como lo expresé en el mencionado texto, en el camino de en medio, atemoriza lo suficiente para que el impulso de regresar rápidamente a lo conocido (adicción), no importa que tan perjudicial sea, gane la batalla.

 

En el tema del cigarro quizá se pueda ilustrar con más claridad. Por todos es sabido que dejar de fumar no es cosa fácil. La fuerza de voluntad pocas veces funciona en este esfuerzo. Los fumadores saben de sobra que el cigarro los puede matar y que mientras eso sucede, poco a poco deteriora su salud y reduce considerablemente su calidad de vida, pero también piensan, y es aquí donde está el engaño, que el cigarro les proporciona placer y les ayuda a reducir el estrés, y el hecho de imaginar siquiera esa renuncia ocasiona un miedo muy difícil de superar.

 

El asunto está en entender que el placer o reducción del estrés que el cigarro ofrece, radica en que alimenta o alivia la sensación de vacío que él mismo provoca, por lo que si se deja de consumir, esa sensación de vacío desaparece y con ésta la necesidad de llenar algo. Sin embargo, los pocos pasos que separan al vicio de la sanación, siempre se dan sobre terreno pantanoso.

 

Lo mismo puede decirse en relación a muchos otros hábitos y aprendizajes. Nos volvemos expertos en todo aquello que practicamos constantemente. Desde esta perspectiva se vuelve muy fácil crear adicción a las emociones negativas y sentimientos perjudiciales. Es muy común, por ejemplo, que el estar estresado sea una conducta que se domine a la perfección, porque es algo que practicamos todo el tiempo. Decidir estar relajado implica transitar de un estado conocido y familiar (estrés) a otro desconocido (relajación), y mientras el nuevo hábito se instala y no se está ni aquí ni allá, se experimentará una sensación de extrañeza e incomodidad intimidantes.

 

Esto se debe a que se ha condicionado el cuerpo a estas sensaciones y cuando se les priva de ellas, después de haber sido alimentadas durante tanto tiempo, éste pide al cerebro hacer más y en mayores dosis.

 

Lo que hay que hacer es establecer nuevas conexiones y hacer un nuevo hilo con aquello que sí se quiere experimentar. Para reprogramar con eficacia, el cerebro tiene que estar dispuesto a producir emociones positivas y cuando se comienza a hacer esta conexión cada vez más seguido (practicando una y otra vez, por muy extraño e incómodo que al principio se sienta), el cuerpo va a disminuyendo su adicción  y comienza a abrazar el crecimiento.  

 

 

 

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